El mercado millonario de la tecnología sexual lanzó unos nuevos robots destinados al sexo que significan una amenaza para las futuras relaciones entre seres humanos y androides. Esta cuestión de la que se habla poco puede llegar a alcanzar consecuencias relevantes.

El debate surgió a partir de la publicación de un informe, luego retomado por la revista Nature en su sitio web, realizado en Gran Bretaña por la Fundación para la Robótica Responsable.

El estudio titulado “Nuestro futuro sexual con los robots” presenta una reflexión sobre los escenarios que podrían abrirse en 10 o 15 años, teniendo en cuenta lo que ya está sucediendo en Asia con la difusión de las muñecas-robots a imagen casi perfecta de mujeres y que están destinadas al sexo.

La investigación aviva un escenario que hemos visto en la literatura y en las películas, y que quizá por ello, siempre nos ha parecido lejano. Noel Sharkey, quien llevó adelante la investigación, señala algunos de los usos probables que podrán tener los robots sexuales:

- Robots prostitutas que trabajan en burdeles.

- Nuevos tipos de “cura sexual”.

- Acompañantes sexuales para personas que se sienten solos o personas mayores.

- Como herramienta de terapias sexuales para violadores y pedófilos.

El último punto en particular, el de la pedofilia, es el que parece más problemático. Las muñecas de aspecto infantil ya existen, y países como Canadá están determinando si deberían o no ser ilegales.

En tanto, la tecnología sexual maneja negocios a nivel mundial cercanos a los 30.000 millones de dólares, pero es imposible saber cuántas personas poseen ya muñecas-robots para el erotismo, ya que las empresas no emiten cifras de sus ventas.

El gran avance tecnológico en el campo de la robótica y la inteligencia artificial sugiere que máquinas muy evolucionadas están ya en el horizonte. El hecho de que probablemente se inspirarán en la pornografía y serán muy semejantes a los seres humanos de sexo femenino genera importantes temores dentro del mundo científico.

Las investigaciones científicas que indagan las implicancias sociales, legales y morales de las relaciones con los robots son poquísimas, según Nature, porque son consideradas vulgares y sensacionalistas por el mundo académico.

Por ejemplo, el Congreso Internacional sobre el Amor y el Sexo con los Robots fue trasladado de la Ciudad Universitaria, en el corazón de Londres, a la más periférica Goldsmiths, porque quienes debían hospedarlo consideraron el tema muy incómodo.

No obstante, el argumento da para indagar y mucho: además del impacto de las interacciones entre humanos y autómatas, por ejemplo, existe la cuestión de la privacidad, pues algunos juguetes sexuales “inteligentes” podrían ser hackeados con el objetivo de recoger datos e información acerca de los usuarios.

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