El viernes 6 de abril de 1990, el gobierno de Carlos Menem que había mutado en una "virtual coalición" con la Unión del Centro Democrático (UCeDe), del veterano líder el ingeniero Alvaro Alsogaray, pope del liberalismo argentino -el tres veces gobernador riojano en su campaña con sesgo del peronismo "del barro" nunca dijo iría hacia la alianza con Bunge y Born y los Alsogaray- vivió cruzada ideológica, denominada "La Plaza del Sí".

 

 

 


El periodista Bernardo Neustadt, hombre de Radio Mitre y de la mayor audiencia matutina, se convirtió en impulsor de la "aventura": una movilización popular al estilo de las grandes manifestaciones callejeras del primer peronismo en los´50, poblando la Plaza de Mayo con gente "paqueta". De pronto Barrio Norte, Palermo Chico, Recoleta además otros grupos de la "clase media" porteña, tenían su "17 de octubre" en sentido ideológico contrario.

 

 

Bernardo Neustadt, uno de los organizadores

 


Atención con el "arco iris" que reunieron Carlos Menem como jefe del Ejecutivo, la corporación Bunge y Born, el fanatizado Neustadt, los Alsogaray, Alvaro y su hija María Julia, interventora en la privatización de la Telefónica, recibieron adhesiones "extrañas" A saber, "comandantes" de la organización "Montoneros", Cirilo Perdía y Fernando Vaca Narvaja, cercano al jefe Mario Eduardo Firmenich. En primera fila. La interpretación hace 27 años llegaba por vía de los indultos de Carlos Menem a los autores de crímenes en el pasado. De un lado y del otro.


La gravísima secuela que dejaron la guerrilla y sin dudas, el terrorismo de Estado a cargo de la dictadura genocida. También había gente de la farándula. Un destacado, hoy sigue siendo, "Cacho" (Bautista) Castaña. Superado por efectos de la Política. Parecía algo incómodo.

 

Luis Barrionuevo, ultra menemista


La CGT  vivía la embestida menemista: el líder Saúl Ubaldini no podía con los agitadores de una "interna" motorizada por Luis Barrionuevo: "Soy alcahuete de Menem ¿  y qué ?" desafiaba el gastronómico.

Para el peronismo ortodoxo la manifestación no superaba para nada a la del cierre de campaña de Raúl Alfonsín en el Obelisco. Vísperas de las elecciones del 30 de octubre del´83, clara muestra del viejo "gorilismo" redundante "Revolución Libertadora", septiembre de 1955, luego calificada "Fusiladora" por la "Resistencia Peronista" en los´60.


Lo que hoy se denomina "la grieta" en abril del´90 se vivía como división inevitable del peronismo versus antiperonismo, con Menem en el segundo   bando habiendo llegado con los votos del primero. Aquella vez estaba en juego, siempre... la cuestión ideológica. 

 

María Julia y Alvaro Alsogaray, la UCeDe aliada de Menem


El gobierno de Menem "remataba" las empresas del Estado, el hombre fuerte de la "liquidación de bienes estatales", Roberto Dromi, aventurero mendocino que en la dictadura en 1981, había sido abogado de empresas avalada por los militares en el Poder. 


Una vocera de "la Plaza del Sí",  joven legisladora de la UCEDE. Adelina Dalesio de Viola, glamorosa rubia que pasó al menemismo con bombos y platillos, con 39 años y representante de San Telmo, tuvo un ciclo de esplendor. Muy recordada cuando en un panel con legisladores, un anticipo del "panelismo" actual, a los gritos atacó a un circunstancial "adversario" al grito de "Socialismo, las pelotas". 


Hoy, luego de vivir procesamientos por "peculado", percibió dinero en "sobresueldos" -causa, Juzgado del Dr.Jorge Ballestero- Adelina no recibe a la Prensa y asesora empresas multinacionales.

 

 

La señora protestando con su empleada. 

 

 

En aquella experiencia quedaría, como orgullo peronista el Primer Plan Quinquenal, 1947-52 Juan Domingo Perón en uno de sus primero discursos, apenas había triunfado en febrero del 46 por el voto popular, anticipaba. 


"No podemos tener todas las compañías de servicio en manos de los países extranjeros. Los ferrocarriles son ingleses, los teléfonos y el gas de empresas italianas, españolas, el agua, francesa. Carecemos de soberanía", decía el flamante Presidente de la Nación. 


Privatizaciones, el menemismo rompió "lógica peronista": defensa del Estado ante políticas del empresariado privado para "hacer negocios sin pensar en los necesitados", solía decir en su versión de gran dramaturgo, el genial Enrique Santos Discépolo. El mismo que en el´49 cerró un debate.

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