"No rompan, está abierto", decía el cartel manuscrito sobre la puerta destrozada. "Mamá", era la firma. Lo encontró la Policía Bonaerense en noviembre pasado, en una casa de Mar del Plata a la que ya había acudido una veintena de veces, siempre por el mismo motivo: detener a un chico que ya por entonces sumaba 15 años y 40 causas penales. Lo conocían desde los 13, cuando paraba el colectivo 532 y subía para asaltar a los pasajeros. Luego se fue haciendo famoso en otras facetas: robos de autos, golpes contra negocios y otro tipo de delitos. En todos los casos, por su edad, se lo identificaba, se lo imputaba y se lo liberaba otra vez. Hasta la siguiente.

Su caso es uno de los que relevó el Ministerio de Justicia de la Nación en un censo sobre "Niños, Niñas y Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal". El trabajo, al que tuvo acceso el diario Clarín, es un análisis sobre la población de todos los centros de detención de menores que hay en la Argentina. Su primera conclusión es que en 2014 hubo 1.142 chicos que quedaron alojados en institutos por estar involucrados en delitos graves. De ellos, 255 cayeron por cometer asesinatos y otros 73, por intentarlo y no lograrlo.

El censo marcó una tendencia preocupante: los chicos presos por matar son cada vez más. En el estudio que se realizó un año antes, en 2013, el total de menores detenidos era de 935, de los cuales 224 (31 menos que en 2014) estaban acusados de homicidios. Si se mira más atrás, en 2012 la cantidad de chicos internados era 873. De ellos, 181 estaban imputados en homicidios: 74 menos que en 2014.

Los censos fueron realizados por el anterior Gobierno, pero no se habían hecho públicos. La nueva gestión del Ministerio de Justicia, a cargo de Germán Garavano, decidió sacarlos a la luz mientras prepara los resultados del censo 2015, que se conocerían en abril.

Los censados son chicos y adolescentes que cometieron delitos graves antes de cumplir los 18 años. El actual régimen penal de minoridad, producto del decreto ley N° 22.278/80 de la última dictadura militar, establece que los que caen presos antes de los 16 son inimputables. En general, se los libera casi de inmediato. Sólo a los que están involucrados en causas gravísimas y no tienen contención familiar se les dicta una medida especial de "protección" y quedan detenidos a cargo de un juez de Menores, que analiza su evolución antes de soltarlos.

Los que tienen entre 16 y 18 años al momento de delinquir pueden ser detenidos e imputados sólo por delitos graves (con penas mayores a los 2 años de prisión) y recién se los puede juzgar cuando cumplen la mayoría de edad. La ley recomienda aplicarles penas atenuadas, pero en la Argentina se han dado casos de menores sentenciados a perpetua, un caso único en Latinoamérica.

Los 1.142 chicos que pasaron el 2014 presos representan una parte pequeña del universo delictivo: durante el mismo período, en la Argentina se contaban 68.407 reclusos mayores de edad. Pero, sin dudas, sus casos impactan.

La gran mayoría de los menores presos (el 98%) son argentinos y sólo el 2% son mujeres. Apenas 25 terminaron el secundario y 124 ni siquiera concluyeron el primario. El 88% tiene entre 16 y 17 años. Pero hay casos excepcionales: un nene de 12 años detenido por homicidio en ocasión de robo; otro de 13 apresado por un asesinato cometido el 27 de marzo de 2014 en Córdoba; y dos de 14 que fueron arrestados en Capital por un crimen ocurrido el 20 de diciembre.

Del total de detenidos, 502 fueron acusados por delitos cometidos con armas. Y 483 ya habían delinquido con anterioridad.

El distrito con mayor cantidad de menores presos es la provincia de Buenos Aires, con 610, algo que está en proporción con lo que ocurre con la población penitenciaria mayor de edad. La siguen Córdoba (162), la Capital Federal (83) y Santa Fe (75), lugar donde abundan los "soldaditos" de la droga.

La principal causa de arresto fueron, en 2014, los delitos contrala propiedad: casi la mitad de los chicos presos (593) estaban imputados por robos o tentativas de robo.

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