La última fábrica de llantas del país cerró ayer sus puertas definitivamente. Mefro Wheels, la firma de origen alemán que mantenía una planta en la zona sur de Rosario, llegó a un acuerdo con los 170 trabajadores y recibirán una indemnización, aunque ni siquiera alcanza el total de lo que marca la ley. Las negociaciones con el Ministerio de Trabajo y los recursos presentados ante la Justicia no lograron torcer el destino de la ex Cimetal, que fue fundada en 1954 y en 2001 ya había quebrado, terminando en manos de capitales extranjeros. El delegado de los trabajadores, Miguel Valentino, aseguró: "Nos mataron las importaciones. Si seguimos así vamos a volver a los '90". Pablo Cerra, abogado del gremio fue contundente: "Están aniquilando la actividad industrial".

La negociación para evitar el cierre se inició hace 40 días, donde el Ministro de la Producción de Santa Fe, Luis Contigiani, propuso al Gobierno Nacional que por un año se cerrara la importación de llantas. El funcionario socialista planteó que la empresa era viable en términos tecnológicos, económicos y de mercado. Por querer adoptar estas medidas, el diputado provincial por el PRO, Roy López Molina, lo trató de "improductivo y fanático del castrismo.

El conflicto se inició el 2 de enero. Los metalúrgicos denunciaron que la firma alemana pretendía vaciar la planta, provocar el cierre y evitar la venta a alguna firma que en el futuro pudiera competir con la exportación de sus llantas elaboradas en sus filiales de Alemania, Francia y China.

La situación generó que distintas terminales automotrices, como es el caso de Ford y Volkswagen, desistieran de seguir comprando llantas de aluminio en la planta rosarina. Para 2017 se proyectaba colocar en el mercado 600 mil llantas. La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) buscó un blindaje judicial para intervenir el directorio, colocar un síndico y evitar el cierre, pero dos fallos lo impidieron. Eso trabó además un crédito de 7 millones de pesos que el Gobierno santafesino ofreció para continuar con la producción.

Los empleados cobraron su último sueldo en diciembre y resignaron en las últimas semanas el dinero de sus haberes para que se siguiera adquiriendo materia prima, aunque finalmente aceptaron ser indemnizados. La conducción del gremio metalúrgico estimó que la oferta de los alemanes alcanza al 60% de lo que deberían cobrar por ley. Pero, además, temen que los pagos no se efectivicen. Los trabajadores seguirán concurriendo desde hoy a la fábrica para custodiar las máquinas y entregar los pedidos pendientes para cubrir los salarios adeudados.

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