Hace un año, Franco Martín, un sereno de una arrocera pasaba a ser fundamental en la captura de Christian Lanatta y Víctor Schillaci (tras la caída de Martín Schillaci).

Martín fue la persona que ambos fugitivos escogieron para tratar de refugiarse. Y él no sólo que los encontró, sino que además fue su rehén y estuvo en el momento en que fueron capturados.

A 12 meses del hecho, recordó detalles y relató lo sucedido. En este entonces, el Gobierno de María Eugenia Vidal ofrecía una importante recompensa (2 millones de pesos) para quién aportara datos de los hombres buscados. Martín hizo mucho mas que eso, sin embargo no cobró ni un centavo.

El sereno admitió que aunque no le cambió la vida, este capítulo que vivió un año atrás vuelve una y otra vez. En ese sentido explicó: “por acá no pasaron patriotas, eran delincuentes”, manifestó cuando se le preguntó por la movida que se despertó en Cayastá tras la captura de los fugados.

Según señaló, esa mañana antes de ir al campo, ubicado a unos 7 kilómetros de Cayastá, pasó por la sede policial porque ya había sido advertido por el propietario del lugar, que los fugados estaban en la zona.

Un amigo suyo que pertenece a las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) le recomendó esperar a los uniformados para dirigirse a la arrocera. En ese momento, recibieron la noticia de que habían encontrado el arma de Martín Schillaci por lo tanto, debieron ir en su búsqueda.

Franco optó por llegar a su lugar de trabajo por cuenta propia y solo. Recuerda que se dijo a si mismo: “que sea lo que Dios quiera”, y se dirigió al campo con su moto. Una vez en el lugar hizo una inspección ocular sin detectar ninguna sospecha. Se subió a un tractor y fue entonces que aparecieron dos hombres que, en principio, confundió con agentes policiales ya que vestían ropa camuflada. Estos lo apuntaron con armas de fuego para obligarlo a descender. El sereno decidió imponerse y exigir que bajaran las armas. Lo logró.

Una vez en tierra firme, de acuerdo al relato de Martín, los fugados le consultaron la ubicación y las rutas por las cuales salir de ahí. “Dijeron que tenían que llegar a Reconquista, que allí los buscaban para llevarlos a Paraguay”, indicó. Luego, pasaron al vestidor con la intención de darse un baño, también le pidieron que les cebara mate. No había comida en el lugar.

“Sólo temí por mi vida cuando me apuntaron pero cuando logré que bajaran las armas y dialogar me tranquilicé. Pensé en correr por donde ellos corrieran, brindarles seguridad, traté de no ponerlos nerviosos porque sabía que en cualquier momento llegaban los de TOE”, destacó el cuidador.

A continuación, se dispuso a abrir un ventiluz y fue en ese momento que alcanzó a ver la camioneta policial. Simuló no haberla visto, tomó el paquete de yerba que estaba roto y Lanatta le habló: “Tranquilo que no pasa nada, vos sos un trabajador como nosotros”, le dijo, quizás creyendo que estaba alterado.

Pero no pudieron tomar mates juntos. Enseguida todos vieron a la distancia al vehículo policial que avanzaba hacia ellos. “Mi amigo de la TOE advirtió que no salía a recibirlos. Abrieron la puerta y Lanatta le dijo que 'no pasaba nada, estamos por tomar unos mates y nos vamos a trabajar'”, contó Martín sobre cómo intentó engañar a los policías.

Tuvieron que salir con las manos en alto del vestidor. Según recordó el sereno, le hizo señas con los ojos a su amigo policía para advertirle que en la cintura tenían armas. Ambos fueron reducidos y desarmados. “No se resistieron porque no tenían opción de nada”, consideró.

En cuanto a la recompensa de 2 millones de pesos ofrecida por el gobierno bonaerense para quien aportara datos sobre los buscados o bien, colaborara en su captura, Martín aclaró no haber recibido un sólo peso. El año pasado se había comprometido a donarlo al pueblo si la obtenía pero no fue así.

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