El rey Felipe VI constató este martes que no existe candidato alguno que pueda ser propuesto para ser jefe del gobierno español, lo que abre la puerta a la celebración de elecciones dentro de dos meses.

Después de dos días de entrevistas con los líderes parlamentarios, el monarca convocó al presidente del Congreso, Patxi López, para informarle del resultado de esas consultas, que se saldan sin aspirante alguno a la Presidencia del Gobierno.

Los comicios del 26 de junio van a ser las primeras elecciones convocadas por un Rey. Lo habitual hasta ahora era que el jefe del Estado se limitara a refrendar la propuesta del presidente del Gobierno de disolución de las Cortes y la fecha de los comicios. Pero un jefe del Ejecutivo en funciones, como es Mariano Rajoy, no puede tomar esa iniciativa política, que queda en manos del Rey.

Felipe VI se acogerá al artículo 99.5 de la Constitución, que señala que si ningún candidato obtiene la confianza del Congreso, como ocurrió con Pedro Sánchez el 2 y 4 de marzo en el fallido debate de investidura, el Rey "disolverá ambas cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del presidente del Congreso". En el decreto de disolución del Congreso y el Senado que se publicará el 3 de mayo en el BOE se fija la fecha de las elecciones para 54 días después, es decir, el 26 de junio.

Hasta ahora, no había hecho falta recurrir a esta disposición constitucional y se aplicaba el artículo 115 de la Carta Magna, que determina que el presidente del Congreso, previa deliberación en el Consejo de Ministros, propone al Rey la disolución del Parlamento, decisión que se plasmará en un decreto firmado por el jefe del Estado. La Constitución también señala que no se podrá convocar elecciones generales si no ha transcurrido un año desde la celebración de las anteriores, salvo que se den las circunstancias que se han producido ahora.

Desde la aprobación de la Constitución en 1978, don Juan Carlos nunca se vio en esta tesitura. Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero propusieron la convocatoria de elecciones cuando lo consideraron conveniente y el Rey se limitó a ratificar sin ningún tipo de debate la petición del jefe del Ejecutivo. Felipe VI hizo lo propio con Mariano Rajoy, cuando en octubre pasado planteó que los comicios legislativos se celebraran el 20 de diciembre.

Pero en esta etapa de "las primeras veces", en palabras del presidente del Congreso para definir esta atípica etapa, también es la primera ocasión en que se debe poner en práctica una disposición constitucional virgen. Ha sido la primera vez que el candidato del partido más votado no se presenta al debate de investidura; ha sido la primera vez que el aspirante a presidente fracasa en su intento de serlo; ha sido la primera vez que el Rey tiene que celebrar hasta tres rondas de consultas con los líderes políticas; y también ha sido la primera vez que el Gobierno está en funciones más de tres meses. No es, por tanto, extraño que Felipe VI haya tenido que ser el primer Monarca que ha tomado la iniciativa política de disolver el Parlamento.

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