La educación universitaria gratuita, la principal demanda de los estudiantes chilenos que se lanzaron a las calles desde el año 2011, comenzó a hacerse este lunes parcialmente realidad al incluir en este primer año a 165.000 estudiantes, luego de haber sido suprimida por la dictadura de Augusto Pinochet.

Bachelet dijo que le hubiera gustado que más jóvenes accedieran este año a la gratuidad, pero advirtió que "hay que ser responsables debido al escenario económico que enfrenta el país", en alusión al ciclo de lento crecimiento que afronta la economía chilena, en torno al 2 por ciento como cierre del 2015 y los pronósticos de que el 2016 será similar.

Aseguró, sin embargo, que la gratuidad se irá ampliando para cubrir a más alumnos en los próximos años, e hizo un llamado a los estudiantes "a ponerse las pilas" y esforzarse, ya que el Estado "recompensará su esfuerzo para que puedan ingresar a la educación superior".

El principal requisito para acceder a la gratuidad es pertenecer al 50 por ciento de la población con menos recursos según la escala socio económica, lo que supone familias cuyos ingresos no superen los 180.000 pesos mensuales (unos 250 dólares) por persona.

Entre esos 165.000 estudiantes se destaca entre ellos un 70 por ciento de los 26.673 jóvenes que fueron seleccionados por las universidades adscriptas al Sistema Único de Admisión, es decir, sobre la base de los resultados obtenidos en la Prueba de Selección Universitaria (PSU).

Las listas de seleccionados fueron publicadas este domingo y lunes los favorecidos comenzaron sus trámites de matrícula y de acceso a la gratuidad.

Una educación pública gratuita, de calidad y sin fines de lucro es el eje de las movilizaciones que por cinco años han mantenido los estudiantes chilenos, que por fin han comenzado a hacerse realidad parcialmente en el segundo mandato de la presidenta Michelle Bachelet.

La respuesta del gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014) a las demandas estudiantiles fue aumentar el número de becas y rebajar los créditos a los que debían recurrir los jóvenes para financiar sus estudios, todo ello sin afectar un sistema educativo inspirado en el mercado.

Tal vez las marchas, huelgas y ocupaciones de establecimientos que por años han protagonizado los estudiantes chilenos pasaron por la cabeza de Bachelet al remarcar este lunes que la gratuidad universitaria "es un derecho, no un regalo".

La educación universitaria fue gratuita en Chile hasta 1981, cuando la dictadura de Pinochet simplificó los requisitos para la creación de universidades privadas, que se multiplicaron hasta superar las 40, que en un esquema de mercado tenían libertad para fijar el valor de sus matrículas.

Al mismo tiempo, se redujo el aporte estatal a las universidades públicas ya existentes, que también comenzaron a cobrar aranceles como una manera de mantenerse competitivas.

Los alumnos debieron comenzar a endeudarse en el sistema financiero para pagar sus estudios, mientras muchos planteles privados redujeron las exigencias académicas de ingreso, de tal modo que la cantidad de estudiantes universitarios también se multiplicó, a poco más de un millón en la actualidad.

Las universidades deben cumplir determinados requisitos, principalmente de nivel académico para acceder a la gratuidad, aunque también pueden mantenerse al margen del sistema.

En este primer año de vigencia, treinta de las 33 universidades adscritas al Sistema Único de Admisión (SUA) optaron por incorporarse a la gratuidad.

Comentarios
Comentarios