23 de diciembre: Mi novio llega con dos cajas de navidad. Me siento a disfrutar del inicio de las vacaciones con unos mates e investigar sus contenidos. Nota: Deberían hacer cajas navideñas con alimentos salados, como un sándwich de milanesa, un choripán, digo... para los que no somos fanáticos de lo dulce.


24 de diciembre: Las cajas han sido saqueadas, no sabemos quién pudo ser pero encuentro restos de pan dulce en el sillón, la cama y los dedos de mí conyugue. Nota: Registrar la idea de la caja navideña salada, puede ser un éxito.


25 de diciembre: Mi madre mete en el mismo tupper: matambre, pan dulce, confites, una pata de pollo, restos de pizza, al grito de: "Lleven, lleven para el viaje, que no tengo lugar en la heladera y tienen que comer algo", "pero mamá la cena fue para doce personas y éramos cuatro, no puedo más". Nota: No viajar con tuppers de mamá, sobre todo si los llena de tanta comida que no cierran y se mezcla el lavanda del auto con un aroma a morcipan.


26 de diciembre: Las sobras de mi progenitora procrean con las sobras de mi suegra y en la heladera aparece comida de origen desconocido. Mi novio reclama que "deberíamos comprar para desayunar sano", mientras moja en su café algo parecido a una porción de pizza. Nota: Averiguar de qué fecha procede esa pizza.


30 de diciembre: Llegan a Mar del Plata mi madre y mi hermano a conocer a la familia de mi novio. Al parecer se llevan bien. Temo que mi madre cuente alguna anécdota que me ridiculice, pero prefiere avergonzar a mi hermano. ¡Qué bueno es no ser hija única! Nota: Por qué a los padres les gusta contar nuestros eventos exhibicionistas, cuántos controles remotos derretimos en el horno y demás hechos delictivos de la primera infancia. Nota 2: Mi madre se siente incómoda de venir con las manos vacías y compra otra caja navideña, entre su contenido encontramos una mayonesa y un atún, alguien me cag... robó la idea.


1 de enero: Se realiza el asistido "encuentro de panzas" en la playa e inauguramos el inicio de temporada con un rico clericó. No tarda en comenzar el "Episodio VII: los tuppers contraatacan". Nadie tienen hambre pero comer es casi un deber y comprar más alimentos en la playa también. Nota: Veo gente recibir un mate mientras mastica una lengua a la vinagreta, otros bajan bizcochos de grasa con un vaso de sidra, alguien confunde un pedazo de budín con un nacho y lo hunde en una salsa criolla, como si nada. Presencio el fin del apetito.


4 de enero: Desayunamos Vitel toné, una porción de torta y restos del pernil de los cumpleaños de mi cuñada y mi suegra. La heladera vuelve a explotar, ahora con los nuevos restos del festejo. No encuentro leche para el café, estoy a punto de hacerme un cortado con sidra. El próximo fin de semana tengo un casamiento, me había comprado para el evento un vestido rojo ajustado pero hoy mis opciones se reducen a: una bata autografiada por Sandro, una sábana, o pedirle a mi cuñada que me preste ropa de futura mamá.
Nota: Que el amor gane todas las batallas y que nunca olvidemos agradecer por tanta abundancia compartida en familia. Este año me casoooo!!! Ahhh! Bueno... aún faltan once meses, puedo entrarle a otro sándwich de pernil! SALÚ!

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